No puedo creer lo que viví en el Punta Tech. Sinceramente, creo que Uruguay es el país con la tasa de cracks per cápita más alta de toda Latinoamérica. Y no lo digo porque sí: lo viví en primera persona, conviviendo con equipos que están construyendo historias que merecen ser contadas en todo el mundo.
Mi viaje no fue de turismo ni de networking superficial. Fue una inmersión total en el ecosistema tech uruguayo y argentino, compartiendo casa, charlas hasta las 4AM y experiencias con founders que están redefiniendo industrias enteras. Lo que encontré fue una combinación única de talento excepcional, proyectos de altísimo calibre y clientes internacionales que confían en estos equipos para resolver problemas complejos.
Pero también descubrí una paradoja que se repite: muchos de estos founders tienen todo para explotar, pero se frenan en el modelo comercial. Vamos a hablar de eso.
Los cracks que conocí: talento uruguayo y argentino que está cambiando el juego
Compartí casa con los cracks de Horizon, que acaban de levantar 3.5M de dólares para reemplazar a McKinsey. Sí, leíste bien: reemplazar a McKinsey. Una boludez, no? Escuchar a Nicolás López contarme a las 4AM cómo arrancaron, los palos que se comieron y la forma en que se apoyan entre ellos fue de esas conversaciones que te recargan las pilas y te hacen creer que todo es posible.
Después está Lucca Ayerza, que con apenas 18 años se mandó a crear Kunstig Aero para desarrollar controladores autónomos en aeropuertos. 18 años. Mientras muchos de esa edad están pensando qué carrera estudiar, este pibe ya está resolviendo problemas de infraestructura aeroportuaria con autonomía y AI.
O Franco Galeano, que está creciendo como loco en Metria, una plataforma que permite a las empresas chatear directamente con su data. Imaginate poder preguntarle a tu base de datos como si fuera un colega: «¿Cuántos clientes nuevos tuvimos este mes?» y que te responda al instante, con contexto.
Del lado argentino, viajé con Manu López y Julian Guerrero de Plaude, que están reemplazando equipos de soporte enteros en fintechs gracias a su AI, Claudia. Ellos dos reemplazaron a Intercom en una de las wallets más grandes de LATAM. Eso no es solo tecnología, es entender profundamente el pain point del cliente y ejecutar.
Estos equipos no son la excepción. Son la regla en el ecosistema tech uruguayo. El Punta Tech Meet Up reunió a más de 2,000 líderes tecnológicos y empresariales, confirmando que Uruguay se está consolidando como un hub de innovación en la región.
El patrón que se repite: talento de clase mundial, modelo comercial reactivo
Acá viene la paradoja que me voló la cabeza. Cuando les pregunto a estos founders cómo consiguen nuevos clientes, la respuesta es siempre la misma: referidos.
Referidos, referidos, referidos. Nada de outbound activo, nada de pilotos estructurados con ROI claro, nada de viajes físicos a donde están sus clientes potenciales. Muchos comentan su frustración de no poder crecer al ritmo que quisieran, pero no se animan a hacer los cambios que saben que hay que hacer:
- Anicharse: Definir un ICP súper específico y no intentar venderle a todo el mundo.
- Viajar físicamente: Ir a donde están tus clientes, conocerlos cara a cara, entender su contexto.
- Vender desde ROI y KPIs claros: No vender features, sino impacto medible en el negocio del cliente.
- Implementar pilotos concretos: Probar, validar, iterar. No esperar a tener el producto perfecto.
Vi ganas reales de cambiar eso. De escalar y transformar sus negocios. Pero falta dar el salto: pasar de un modelo comercial pasivo (esperar que te lleguen clientes) a uno activo (ir a buscarlos con una estrategia clara).
Este desafío es algo que estamos abordando en SquadS Ventures, donde trabajamos con startups B2B y SaaS para construir sistemas comerciales que no solo ejecuten, sino que escalen de forma eficiente. Porque el talento está. La tecnología está. Lo que falta es el modelo de go-to-market que los potencie.
Uruguay tiene una tasa de cracks per cápita absurda
Lo que más me impactó de Uruguay no fue solo el nivel técnico. Fue la humildad y la buena energía de todos los founders que conocí. Hay una cultura de colaboración, de apoyo mutuo, que es contagiosa. No vi egos desmedidos ni competencia destructiva. Vi equipos que genuinamente quieren que el ecosistema crezca.
Si logran combinar ese talento con un modelo comercial más activo, la próxima década de software en la región se va a escribir distinto. No tengo dudas.
Uruguay y Argentina están llenos de founders que tienen todo para triunfar a nivel global. El talento está, los productos están, los clientes internacionales están apostando por ellos. Ahora toca dar el siguiente paso: construir máquinas comerciales que escalen, que conviertan ese talento en crecimiento sostenido.
Si sos founder de una empresa tech y sentís que este mensaje te resuena, hablemos. Porque lo que vi en Punta Tech me convenció de algo: la próxima generación de unicornios latinoamericanos ya está entre nosotros. Solo falta que se animen a ir a buscarlos.
Vamo arriba carajo.


























