¿Alguna vez te preguntaste qué pasa cuando los pitchs ya no alcanzan y tu producto tiene que funcionar sí o sí? El sábado pasado viví en carne propia cómo la teoría se transforma en acción en una hackathon donde las presentaciones bonitas no bastaban.
El día arrancó temprano: 8K con founders en la trinchera, almuerzo express con mi pareja (porque hay que sumar matri-puntos cuando vivís en modo startup), y de ahí directo a la hackathon organizada por Martina Mendoza, José Luis Koller, Ariel Mathov, Fausto Rolandi y la gente de Paisanos.
Cuando el producto tiene que funcionar (o chau)
Lo mejor de esta hackathon fue su premisa central: si llegabas a la final, tu producto tenía que FUNCIONAR. Nada de slides bonitas ni promesas al aire. Demo real o chau.
Agustín Parraquini estaba en modo picante con esto, y con razón. En un mundo donde cualquiera puede armar un deck lindo, la diferencia la hace quien puede mostrar algo que realmente funcione.
«Vivimos en un mundo distinto donde puedes hacer un MVP mega potente en un día. ¿Cuándo fue la última vez que hiciste FUNCIONAR algo en menos de 12 horas?»
Esta realidad es posible gracias a herramientas como v0 by Vercel, que permiten construir prototipos funcionales en tiempo récord. Ya no hay excusas para no validar ideas rápidamente con productos reales en lugar de presentaciones teóricas.
Como mentor, mi rol fue principalmente escuchar. Aproveché para observar cómo vibecodean los equipos, qué ideas traen y cómo las ejecutan. Pero también dejé algunas preguntas básicas que, quiero creer, fueron claves:
- ¿Quién más hace esto?
- ¿Por qué alguien pagaría? ¿Qué problema resuelve?
- ¿Y si arrancás por un nicho, en vez de salvar al mundo?
Algunos equipos ya tenían estas respuestas claras. Otros no tanto. La diferencia se notaba en la solidez de sus propuestas.
El balance perfecto: técnica + negocio
Lo que más me llamó la atención fue ver cómo se distribuían las fortalezas entre los equipos:
Los más técnicos presentaron tremendas ejecuciones – código impecable, arquitecturas elegantes, soluciones robustas. Pero a veces les costaba comunicar el valor de negocio.
Los más comerciales tenían pitches muy buenos – narrativas claras, propuestas de valor contundentes, modelos de negocio pensados. Pero a veces la implementación técnica no estaba a la altura.
Y como era de esperar, los ganadores mezclaban lo mejor de ambos mundos. No alcanza con programar bien si no resolvés un problema real. Tampoco sirve identificar una oportunidad de mercado si no podés construir la solución.
El equipo que más me entusiasmó tenía a Federico Lombardozzi de Volt (un crack con todas las letras). Armaron un asistente de voz para compras online. Mi único comentario fue: «no lo hagan para ropa, nadie compra jeans por voz». Parecía que iban a insistir con su idea original… hasta que hicieron la demo: ¡pum! Caso de uso de ferretería. ¡Casi me levanto de la silla a aplaudir!
Este pivote demuestra algo fundamental en el desarrollo de productos: la capacidad de escuchar feedback y adaptarse rápidamente. No se aferraron a su idea inicial, sino que encontraron un caso de uso donde su tecnología realmente resolvía un problema.
Según un estudio sobre metodologías de diseño en hackathons, estos eventos son laboratorios perfectos para aplicar Design Thinking en tiempo real, permitiendo a los equipos iterar rápidamente entre la comprensión del problema y la creación de soluciones.
Las preguntas que realmente importan
Si estás construyendo un producto, ya sea en una hackathon o en tu startup, hay tres preguntas fundamentales que deberías poder responder:
| Pregunta | Por qué importa | Señal de alerta |
|---|---|---|
| ¿Quién más hace esto? | Conocer la competencia te ayuda a diferenciarte | «No tenemos competencia» |
| ¿Por qué alguien pagaría? | Valida que resuelves un problema real | «Lo usarán porque es mejor» |
| ¿Y si empiezas por un nicho? | Permite enfoque y validación más rápida | «Nuestro mercado es global» |
Estas preguntas parecen obvias, pero es sorprendente cuántos equipos no pueden responderlas con claridad. No se trata solo de construir algo cool, sino de construir algo que la gente realmente necesite y por lo que esté dispuesta a pagar.
La hackathon también contó con la participación de Martín Palombo, quien junto a TN fue sponsor y pusieron la oficina a disposición. Lo conozco hace años, desde cuando me dio mentorías de producto. No deja de sorprenderme lo generoso que es y lo que aporta al ecosistema, aun estando en el quilombo de conquistar Brasil.
Y como nota al margen, le pedí una foto a Tobias Frieder porque sé que es famoso en LinkedIn y no podía dejar pasar la oportunidad. Re lindo echar chismes y criticar los pitchs con vos, Tobias.
¿Cuándo fue la última vez que construiste algo funcional en menos de un día? La tecnología actual nos permite crear prototipos potentes en tiempo récord. La pregunta ya no es si podés hacerlo, sino qué estás esperando para empezar. ¿Te animás al desafío?


























