Despedí a alguien que acababa de ser papá. Y todavía no me lo perdono.
Esta frase me pesa como una mochila de piedras cada vez que la recuerdo. Me comí el cuento de que para ganar en el mundo empresarial había que ser un tiburón, que la única forma de llegar lejos era pisando cabezas, siendo implacable y dejando la humanidad en la puerta de la oficina.
Todo porque lo leí en las biografías de los «grandes»: Steve Jobs a mis 27, Elon Musk a mis 33. Dos genios. Dos visionarios. Dos tipos que cambiaron el mundo y… dos personas que dejaron un reguero de heridos en el camino de su éxito.
Y como un idiota, pensé: «listo, así se hace».
La carrera por el unicornio: cuando cruzamos la línea
Me puse radical. Fui a la guerra por el unicornio. Empujé sin freno. Me peleé con mis socios sin sentido. Cruzar la línea se volvió normal: gritos, críticas destructivas, decisiones pésimas, llevarme puesto a quien se cruzara en mi camino.
El problema es que ese camino no era el mío, pero lo seguí como si lo fuera. ¿Por qué? Porque esas son las historias que venden. Seamos honestos: ¿estarías leyendo esto si el título fuera «ser buen tipo también funciona»? Con mentiras al tío Marito no, vos sabés que te gusta el chisme, el drama, la caída del héroe.
Y es que de Elon Musk se escriben miles de páginas. Pero de los que la rompen y siguen siendo tipazos… casi nada. No venden libros, no generan titulares, no protagonizan series de Netflix.
El verdadero desafío no es alcanzar el éxito, sino hacerlo sin convertirte en alguien que no reconocerías en el espejo.
Mientras escribo esto pienso en gente que conocí hace poco y no tan poco, referentes que combinan el éxito en los negocios con la humanidad:
- Miguel Morkin, siempre con buenas maneras, integrando familia y trabajo.
- Andrés Perea, increíble ser humano y CEO de un modelo dificilísimo de lograr con éxito.
- Hartmut Bock, gran emprendedor, mentor y persona.
- Julian Chadwick, parece gruñón pero es un tipazo.
- Rafael Villlaba, el artesano del PMF, increíble mentor.
- Tomás Beutin, gran emprendedor y mejor persona.
- Julián M. Drault, dicen que es picante y duro, pero alguien que le pone Teseo a su hijo claramente es un sabio.
El doble mérito: negocio exitoso + buena persona
Según este artículo de Forbes, es perfectamente posible triunfar sin comprometer tus valores. De hecho, la integridad y la autenticidad son cada vez más valoradas en el liderazgo empresarial moderno.
Lograr un negocio exitoso y seguir siendo buena persona, para mí vale doble. Y si encima tenés familia… triple. Lo jodido es que de estos líderes nadie escribe libros (o no los vi). No tienen el glamour de los tiranos tech, pero tienen algo mucho más valioso: pueden dormir en paz por la noche.
En Squads Ventures lo tenemos claro: el camino hacia el éxito sostenible pasa por construir una cultura donde los valores no son negociables. Porque lo que genera retornos a largo plazo no es solo la ejecución implacable, sino la capacidad de construir equipos donde la gente quiere estar, crecer y dar lo mejor.
Esto no significa ser blando o conformista. Al contrario. Significa tener la fortaleza para:
- Exigir resultados sin destruir personas
- Tomar decisiones difíciles sin perder la empatía
- Priorizar la rentabilidad sin sacrificar la ética
- Manejar la presión sin convertirte en un monstruo
El modelo «tiburón» nos hace creer que esas cosas son mutuamente excluyentes. Que hay que elegir entre ser exitoso o ser buena persona. Y es la mentira más grande de la cultura empresarial moderna.
¿A quién conocés que logró tener éxito sin dejar de ser buena persona? ¿Creés que es posible construir empresas valiosas sin sacrificar los valores? Compartí tu experiencia en los comentarios.
Si estás construyendo tu propio camino como líder, te invito a reflexionar: ¿qué tipo de historia querés que cuenten sobre vos? No la que venda más libros, sino la que refleje quién realmente querés ser.


























