La semana pasada fue dura, casi tan dura como no comer carne por una semana (y los que me conocen saben que eso es decir mucho). Pero dentro de todo lo jodido, juntarme con clientes que ya son casi amigos me ayudó a surfear los quilombos con un poco más de altura.
Una de esas reuniones que me voló la cabeza fue con Maximiliano Dicranian y Octavio Bidegain de Kigüi. Nos juntamos a hablar de producto y quedó clarísimo algo que, en papel, parece obvio pero en la práctica es un dolor de cabeza monumental:
El desperdicio alimentario no es solo tema de inventario o ganas. Es, sobre todo, un problema de datos y trazabilidad.
Y esto no es un tema menor. Si no sabés cuándo vence algo, no hay tu tía: se quema dinero y recursos. Eso le duele a los supermercados, a las marcas y, obvio, al planeta, que es el único al que siempre le duele igual, sin contrato de por medio.
La complejidad detrás del desperdicio alimentario
Me quedé pensando en la complejidad que tienen para resolverlo: cuando un problema es grande como una casa, con varios stakeholders y usuarios distintos, hay más espacio para pensar soluciones… y más margen para equivocarse o acertar.
Según datos de la industria, la trazabilidad alimentaria es el proceso que permite seguir el recorrido completo de un alimento desde su origen hasta el consumidor final. Sin este seguimiento, es prácticamente imposible gestionar eficientemente las fechas de vencimiento, lo que resulta en:
- Pérdidas económicas masivas: Supermercados y distribuidores pierden millones anualmente
- Desperdicio de recursos: Agua, tierra y energía utilizados para producir alimentos que terminan en la basura
- Impacto ambiental: Emisiones de gases de efecto invernadero generadas sin beneficio alguno
Lo fascinante es que este no es solo un problema técnico. Es un desafío que involucra a múltiples actores con intereses y necesidades diferentes:
| Tipo de usuario | Lo que necesita | Su desafío |
|---|---|---|
| Operativo (personal de tienda) | Procesos simples y rápidos | Tiempo limitado, alta rotación |
| Analítico (gerentes) | Datos precisos para tomar decisiones | Información fragmentada |
| Tomadores de decisión (directivos) | Visión global y ROI claro | Equilibrar costos vs beneficios |
El desafío de construir producto en contextos complejos
En producto, muchas veces ayudás a un usuario a hacer una cosa muy bien. Ese usuario te devuelve feedback claro y eso marca el camino. Pero cuando tenés usuarios operativos, analíticos y tomadores de decisión, cada uno con su mirada, la cosa se pone interesante.
Sumale que en varios mercados de Latinoamérica conseguir feedback crudo, más allá de la cortesía, requiere confianza y mucha habilidad. Ahí hay un desafío enorme para quien construya producto en ese contexto.
¿Cómo resolvés un problema cuando:
- Cada usuario te cuenta una parte distinta de la historia
- El contexto cultural hace que la gente sea «amable» en vez de brutalmente honesta
- Los procesos actuales están tan arraigados que nadie se acuerda por qué se hacen así
Para mí, el camino, por más difícil que sea, siempre es doblar la apuesta en entender al cliente, entender bien el problema y ver cómo potenciarlo. Ser un «power leveler» no es solo escuchar, es generar las condiciones para que cada rol suba de nivel y decida mejor.
No basta con hacer entrevistas. Hay que crear el espacio seguro donde la gente pueda decir «esto es una cagada» sin miedo a represalias o juicios.
Lecciones del mundo real
Gracias a Kigüi por abrirme la cocina, mostrarme la web y la app, y explicarme todo el circuito (bien complejo) de trazabilidad de alimentos que están resolviendo. Me quedaron algunas lecciones claras:
- La tecnología sola no resuelve nada: Sin entender los procesos humanos detrás, cualquier app es inútil
- El feedback real es oro: Vale más un «esto no me sirve» honesto que diez «está buenísimo» por compromiso
- Los problemas complejos necesitan soluciones modulares: Cada tipo de usuario debe tener su interfaz adaptada a sus necesidades
Y a vos, ¿te pasa de lidiar con usuarios múltiples y contextos «polite» donde nadie quiere ser el primero en señalar problemas? ¿Qué hacés para destrabar ese feedback real que tanto necesitás para mejorar tu producto?
Porque al final, ya sea que estés resolviendo el desperdicio alimentario o cualquier otro problema complejo, la clave siempre está en romper las barreras de comunicación y entender qué necesita realmente cada persona involucrada. Solo así podemos construir soluciones que realmente funcionen en el mundo real, no solo en nuestras presentaciones de PowerPoint.


























