Casi todas mis malas decisiones estaban perfectamente argumentadas. Tenía data, contexto y años de experiencia. Igual empujé decisiones de mierda solo porque salieron de mi cabeza. Y rompí cosas reales, con gente real. 🫣
El problema nunca fue falta de inteligencia. Pifié por necesidad de tener razón. Por ego disfrazado de criterio. Y esa diferencia, aunque parece chiquita, es la que separa a los equipos que ganan de los que implotan.
El día que gané la discusión pero perdí el partido
Junio de 2024. Segunda oportunidad de exit para la startup que fundé. En la charla de socios empujé mi postura: «Tenemos que seguir, estamos cerquita, no podemos aflojar ahora». Morir con las botas puestas, peli patale, toda la película. No pensé con cabeza fría.
Seis meses después, la empresa que nos quería comprar fue vendida. Me perdí un doble exit. Ese día gané la carrera de argumentación, pero perdí el partido del negocio.
Lo peor no fue la oportunidad perdida. Lo peor fue darme cuenta de que tenía todos los elementos para tomar la decisión correcta, pero mi ego no me dejó verlos. Fundamos, levantamos capital, crecimos rápido, armamos equipo. Muchas decisiones cerraban perfectamente en un slide. Varias se desarmaron apenas tocaron la realidad.
La pasión y las ganas de ir rápido te pueden dejar ciego. El ego crece junto a tu experiencia, susurrándote que lo sabés todo, escondido detrás de una máscara de certeza falsa.
Los síntomas del liderazgo «toxiquito»
Ganar una discusión suele ser más fácil que tomar una buena decisión. Y cuando discutís para demostrar que sabés más en lugar de encontrar la mejor solución, la gente se calla. Simple.
Acá van las red flags 🚩 que aprendí a detectar (generalmente después de cagarla):
- Las ideas se alinean por cansancio: Gana el que más energía o jerarquía tiene, no la mejor propuesta
- Las malas decisiones pasan porque «suena lógico»: Nadie hace doble clic, nadie cuestiona de verdad
- El monopolio de las decisiones importantes: Todas las que cambian el partido vienen del líder, siempre
- Cero ownership cuando falla: Si sale mal, nadie se hace cargo y repetimos el mismo ciclo
Como dice Margaret Heffernan en su charla TED: «The best teams are not the ones where people agree. They’re the ones where people feel safe enough to disagree.»
En mi caso puntual, el problema nunca fue el desacuerdo. El problema fue el ego disfrazado de criterio. Y esa mierda es difícil de ver cuando estás adentro.
«Cuando una discusión se vuelve sobre quién tiene razón, el equipo ya perdió. Cuando la pregunta pasa a ser qué decisión mejora el resultado, es por ahí.»
Cómo frenamos el liderazgo tóxico (antes de que rompa todo)
Hoy esto es algo que intento frenar activamente. Y es una conversación incómoda que en SquadS Ventures empujamos todo el tiempo con los equipos que acompañamos.
No se trata de eliminar la pasión o el criterio. Se trata de construir sistemas que tomen mejores decisiones. Porque el foco no es ganar discusiones. El foco es: decidir mejor, lo más rápido y sostenible posible.
Algunas cosas que funcionan (al menos para mí):
- Detectar la tentación antes: No voy a mentir, sigo cayendo en la tentación de querer tener razón. Pero intento detectarlo antes. Y cuando aparece, intento correrme.
- Separar ego de criterio: Preguntarme honestamente: ¿estoy empujando esto porque es lo mejor para el equipo o porque salió de mi cabeza?
- Crear espacios seguros para el desacuerdo: Si tu equipo no se anima a decirte que estás flasheando, ya perdiste.
- Buscar sistemas, no héroes: Las mejores decisiones salen de procesos, no de genios iluminados.
Pa que mastiques y pienses, si llegaste hasta acá:
¿Qué decisión estás empujando hoy solo porque salió de tu cabeza?
¿A cuántas personas ya hiciste callar «con lógica»?
Las startups tech no se mueren por falta de talento. Se mueren porque los líderes no pueden separar su ego de las decisiones que importan. Y eso, aunque duela admitirlo, es algo que podemos cambiar si nos animamos a verlo.
Si este tema te resuena o te pasó algo similar, contame en los comentarios. Estas conversaciones incómodas son las que realmente mueven la aguja.


























